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miércoles, 12 de octubre de 2011

...COLD...

¿Por qué tú?
Nadie podía alcanzarme
Nadie podía vencerme
Alzándome solo en mi reino de hielo
Escarcha y oscuridad, veneno y silencio
Y me gustaba, mi dama de luz
Pero nunca había visto un alma como la tuya
Brillante como nada que hubiera conocido
Una nueva estrella dando calor a mi vida
Tan preciosa, tan radiante, tan dolorosa
Y la necesitaba, mi dama de luz
Así que te busqué, pequeña
Y la luna me mostró tu rostro
Las aguas susurraron tu nombre
Los vientos me trajeron tu olor

¿Qué puedo hacer, oh, qué puedo hacer?
Si eres la única
A la que no puedo mirar?
Podrías haber tenido cualquier rostro
Cualquier otro nombre, cualquier otro olor
Podrías haber sido cualquier otra persona
Pero tú, oh, tú, ¿por qué tú?

Intenté apartarte de mi camino
Intenté vencer a este maldito destino
Pero no hay hielo que pueda enfriar tu sonrisa
Y me gustas, mi dama de luz
Y te necesito, mi dama de luz.
¿Qué puedo hacer, oh, qué puedo hacer?
Si eres la única
A la que no puedo mirar?

Podrías haber tenido cualquier rostro
Cualquier otro nombre, cualquier otro olor
Podrías haber sido cualquier otra persona
Pero tú, oh, tú, ¿por qué tú?

lunes, 10 de octubre de 2011

¿DE VERDAD CREES QUE ME CONOCES?

¿Quien crees que soy? ¿Lo tienes claro? Si crees que si, lo unico que puedo hacer es reirme en tu cara.


Piensas que me conoces si apenas hemos estado hablando unos momentos. Piensas que me conoces por la forma en la que visto, en la que hablo, en mis gestos. Piensas que me conoces si somos compañeros. Piensas que me conoces si somos amigos desde hace años...

¿Vas a tener huevos para etiquetarme? ¿Para decir que es propio de mi y que no? ¿Acaso crees que puedo ser el tipo de persona que te esperabas?

No soy ni de un modo ni otro, y como la gente va por ahí con sus malditos prejuicios, en un instante creen que ya saben que tipo de persona eres. Que te gusta. Que musica escuchas. Como es tu puñetera vida. Creen que lo saben todo acerca de ti.

Piensan que si estas sola es porque te gusta estarlo, que si te muestras timida es porque lo eres. Que si estas enfadada es solo porque tienes un mal dia...

Apenas saben cuando actuo y cuando no, cuando siento miedo u odio. Se fijan en tu rostro y creen que lo saben todo.

Pero me da miedo enseñarle al mundo lo que siento, lo que pienso, porque a la mayoría de la gente eso no le importa lo mas minimo. Si estas leyendo esto me sorprende que lo hagas, si es que en verdad te importa algo lo que ponga en mis entradas.

Jamas he conocido a nadie que quiera saber de mi por el mero hecho de conocerme, de entenderme, de no sacar nada a cambio.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Relatos cortos

Bueno, pues hemos añadido otra nueva categoría entre nuestras historias : relatos cortos. Como su mismo nombre indica, son pequeñas historias, pero estas en especial son de miedo o algo extrañas... Bueno, yo las encuentro bastante entretenidas, y espero de todo corazón que os gusten :)

lunes, 19 de septiembre de 2011

Beyond... (más allá)

This is not your home, not your world,
not the place where you should be.
And you understand, deep in your heart,
though you didn't want to believe.
Now you feel so lost in the crowd
wondering if this is all,
if there's something beyond.

Beyond these people, beyond this noise,
beyond night and day, beyond heaven and hell.
Beyond you and me.
Just let it be,
just take my hand and come with me,
come with me…

And run, fly away, don't look back,
they don't understand you at all,
they left you alone in the dark
where nobody could see your light.
Do you dare to cross the door?
Do you dare to come with me
to the place where we belong?

Beyond this smoke, beyond this planet,
beyond lies and truths, beyond life and death.
Beyond you and me.
Just let it be,
just take my hand and come with me,
come with me...

jueves, 8 de septiembre de 2011

:)

Mi vida es un extraño cuadro de puntillismo, de ese tipo de obras hechas solo con puntos. Cada pequeño detalle es un aspecto crucial de mi entorno, y tal vez sin uno solo de sus puntitos dejaría de ser quien soy.
Es un cuadro extraño, raro y abstracto. Se pueden apreciar varias imagenes desde distintos angulos, todo dependiendo de con qué ojos lo mires. Una rosa aqui, un pájaro allá....
Son las pequeñas cosas, los pequeños detalles lo que componen algo mucho mas grande. Por eso, quiero disfrutar del dia a día, de cada puntito que la vida me brinda, e ir añadiendolos poco a poco en mi pequeño cuadro, haciendolo mucho mas grande conforme voy viviendo experiencias.
Y es que no hay nada de mi vida que quiera cambiar, que quiera olvidar o modificar. No soy perfecta, y cometo mis errores, pero eso hace que aprenda. Porque no hay que aprender a no equivocarse, sino aprender a hacerlo,

miércoles, 31 de agosto de 2011

...

Este video... te hace pensar mucho. Es una historia realmente bonita.

^^

No sabia que me iba a gustar tanto tener mi propio blog, la verdad. Tampoco lo tengo mucho tiempo, pero ahora estoy conociendo a un monton de gente a la que le gusta como escribo, a la que le gusta Scarlett y que sigue mi blog o me sigue por Tuenti. Muchas gracias, me haceis sentir genial. :)
Haceis que la indómita Scarlett siga recorriendo las calles de París.

miércoles, 10 de agosto de 2011

:)

   En primer lugar, si es la primera vez que entras en nuestro blog, bienvenido. Si eres uno de nuestros queridos seguidores o visitas el blog con frecuencia, muchas gracias y bienvenido de nuevo, haces que nuestro blog crezca.
   Me siento obligada a hacer una pequeña presentación del lugar, aunque ya lo hicimos hace tiempo y esta no es su primera entrada... Bueno, pido perdón por adelantado si a alguien le parece excesivamente larga, pero queremos compartir algo más de nosotros, y no dejar el blog hastío y a falta de un narrador comunicador y en cierto modo cercano... Intentaré no enrollarme demasiado (Mm... difícil viniendo de mi...)
   El blog nació a partir de que siempre me ha gustado escribir. Supongo que tal pasión me viene de tener idolatrada la lectura ( para mí, los libros son unos pequeños diamantes tallados con refinada delicadeza (: ) Por lo tanto, a partir de la idea de dar a conocer las historias que estoy escribiendo, surgió este blog.
   Sherezade, el nombre de nuestro perfil, es sólo un seudónimo que utilizamos. ¿Sabéis quien es Sherezade? (Ui, ya me empiezo a enrollar.) Bueno, para quien no lo sepa, es la protagonista principal de Las Mil y Una Noches. Esta historia, de procedencia árabe, cuenta como un cruel sultán mata a todas las mujeres con las que contrae matrimonio, ya que ninguna era lo suficientemente buena para él (intento abreviar, aunque esta explicación dista mucho de ser "perfecta"). Entonces, una mujer muy inteligente se casó con él. Se llamaba Sherezade, y era una mujer, aunque joven, lista y prudente. La noche de bodas comenzó a contarle una interesante historia al sultán, y cuando amaneció, esta se quedó en su punto cumbre, dejándola incompleta. El sultán, realmente interesado, dejó a Sherezade viva hasta la próxima noche, hasta que terminase de contarle la historia. Entonces Sherezade terminó el relato a la próxima noche, pero entonces empezó otro y lo dejó igual que el anterior: incompleto al amanecer. Así, gracias a que al sultán le gustaban sus historias, Sherezade consiguió mantenerse con vida mil y una noches. Luego, el sultán le perdonó la vida y se enamoró de ella, así que la aceptó plenamente como su esposa.
   ¿Que por qué nuestro perfil se llama Sherezade? Además de que siempre nos gustó el relato árabe, ¿qué mejor narradora que la mismísima Sherezade? Historias nacidas en el atardecer y elaboradas hasta el alba. (Además, gracias a dios, no tenemos a ningún sultán que quiera cortarnos la cabeza)
   Y justo donde los sueños se confunden con la vida real, en ese preciso instante entre el sueño y la vigilia...
   Exactamente en los límites de la realidad.

Grande. MJ.

Mantén la cabeza en alto, hacia el cielo mantén tu mente viva. Mantén tus alas para que podamos volar. Si tan solo pudiéramos levantarnos, ¿Qué me dices ahora? Nunca es demasiado tarde. Mantén la cabeza en alto. ¡No te rindas ahora! ¿Cuánto tiempo mas podemos esperar? Todo lo que necesitas.. es un momento para soñar. Todos dicen que la vida, es algo que nos han prestado y van por la vida, sin sentido, eso no es bueno. ¿Y si ese día tan esperado por ti, llegara mañana? Sólo date una oportunidad ¡Lucha por tus sueños! ¡Ponte de pie de nuevo!

jueves, 4 de agosto de 2011

Para siempre.

Alguien dijo alguna vez: si deseas algo con mucha fuerza, déjalo en libertad. Si vuelve a ti, será tuyo para siempre. Si no regresa, no te pertenecía desde el principio.

martes, 2 de agosto de 2011

El reino de lo absurdo.

Bienvenido al reino de lo absurdo, reino de la pantomina, donde todos andamos del revés tio, ¿quieres entrar?


No es un cuento, pura realidad, el reino de lo absurdo, de la falsedad (8)

sábado, 23 de julio de 2011

jueves, 21 de julio de 2011

A y M de los mundos de coraline XD


April Spink y Miriam Forcible: Son dos famosas actrices retiradas. La señorita Spink es regordeta de pelo rosado, su particularidad es su gran trasero. Mientras que Miriam es alta y al parecer con cintura pero su particularidad es su enorme busto. Ambas viven en el sótano rodeadas de perros.


martes, 19 de julio de 2011

Aquella chica.

Soy la chica que siempre pierde, la que finge su sonrisa, la que aparenta ser fuerte, pero que todos los días continúa rompiéndose por dentro, la chica que está ahí sonriente, aquella que parece no tener problemas, parece que nada le importa en el mundo.

No importa lo fuerte que golpeas, si no lo fuerte que pueden golpearte, y lo aguantas mientras avanzas, hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se gana.

lunes, 18 de julio de 2011

La elegancia del erizo

Tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes.

Duele

Duele que no pares de preocuparte por alguien, que consideres a esa persona parte de ti... y que luego no cuente contigo para nada. Si una persona da, lo mínimo que hay que hacer es dar tambien, y en la misma medida... ¿Soy yo la única que se da cuenta de esto? O todo el mundo esta loco, o la unica loca aquí soy yo.

Siete almas.

En este momento hay seis mil cuatrocientos setenta millones, ochocientos dieciocho mil, seiscientos setenta y un habitantes en el mundo. Algunos huyen asustados. Otros vuelven a casa. Algunos cuentan mentiras para poder sobrevivir. Otros se enfrentan a la verdad. Algunos son hombres malos en guerra contra el bien. Y algunos son buenos, y luchan contra el mal. Seis mil millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces solo necesitas a una.

domingo, 17 de julio de 2011

Origen.

Los sueños se sienten reales cuando estamos en ellos, solo hasta que despertamos notamos que había algo como nuestra vida. Respóndeme algo: jamás recuerdas el principio de un sueño, siempre apareces a mitad de la acción, ¿verdad? :) 

viernes, 15 de julio de 2011

  Resulta molesto que la vida se dirija, principalmente, por estereotipos. O al menos, que la gente lo crea así.
  ¿Sabes qué? Estoy dispuesta a romper moldes, a mostrar al mundo entero que no se puede juzgar por unos anticipados prejuicios.
  No juzgues por lo que primero veas. En mi caso, soy un torbellino de emociones, de adjetivos, de contradicciones. Lo somos todos, no se puede decir que alguien es bueno o malo, que es listo o tonto. Las personas somos demasiado complejas como para calificarnos con sosos y sencillos adjetivos.
   Creo que es esto precisamente, el que todo el mundo sea distinto, lo que hace que el día a día sea interesante. Muchas personas creen que se puede encuadrar a alguien por como viste, por como habla, por sus palabras. Todo falso.
   Y lo mas atractivo de todo esto es callarle la boca a unos cuantos idiotas.
   Ella miró al cielo por la ventana. Noche profunda, oscura, sin luna. Las tenues estrellas parpadeaban como las luces de neón en los pubs.
   Evangeline suspiró. Volvió a mirarse al espejo, y aquella extraña chica del cristal le devolvió la mirada. Esos ojos rasgados, felinos. Los labios gruesos y el pelo fino y oscuro, corto, desigual.
   Cogió el lápiz de ojos con un rápido movimiento. Sonrió a su imagen y arrugó la nariz, pero la otra le sacó la lengua.
   Se pintó los ojos negros, los labios rojos e intentó arreglarse el pelo. Se puso el piercing de la ceja, fina y oscura. Tacones rojos y vestido negro que dejaba a la vista los tatuajes de sus brazos y espalda.
   Tenía el apartamento hecho un asco, pero le daba absolutamente igual. Era su pequeño santuario, su aislada madriguera. Tenía pensado hacer lo que le viniese en gana, empezando por como llevar aquel minúsculo apartamento.
   Salió de el, a la calle. Las luces de los bares la iluminaban desde la calle de enfrente. Se llevó un cigarro a la boca y le dió una calada.
   No tenía plan alguno aquella noche, no había quedado con nadie.
   Sonrió para sí, aspirando el espeso humo procedente de su cigarro.
   ¿A quién le importaba? Iría a donde primero se le ocurriera.
   Se llevó de nuevo el cigarro a los labios, y lo dejó ahí con un gesto un tanto masculino. Echó a andar, y los tacones de aguja, afilados como cuchillos, repiqueteaban con un acompasado chirrido  en el cemento. Porque el asfalto era su territorio. Porque la noche le esperaba... y era suya por completo.
   ¿Quién tenía narices a interponerse en su camino? Estaba dispuesta a comerse el mundo.
   Aquella ciudad no sería lo mismo sin Evangeline.
   No sería lo mismo sin su musa, sin su desconocida y frustrada estrella del rock, sin sus tacones rojos. Sin sus noches ebrias, sin sus barbaridades, sin su risa, sin su mirada penetrante y sarcástica.
   Ella no lo sabía, creía que no formaba parte de ningún sitio. Pero era especial, era única e irrepetible.
   Aquella noche, la ciudad era completamente suya hasta el amanecer.

Miedo.

El coraje no es la ausencia del miedo, sino el considerar que hay algo más importante que el miedo. Puede que los valientes no vivan eternamente, pero los cautelosos no viven en absoluto. A partir de ahora viajarás por un camino entre la persona que crees que eres y la que podrías ser. La clave es dejarte llevar durante ese viaje.

Nunca lo permitas.

No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos.

miércoles, 13 de julio de 2011

Desafío.

Eh tú, ese que se hace llamar destino.
Si lees esto, que sepas que no podrás conmigo, soportaré todo esto y mucho más, seguiré caminando. Da igual todas las piedras que me pongas en el camino, me da igual lo grandes que sean, el color, la forma, el por qué estén ahí a modo de obstáculo.
Ninguna de ellas logrará que deje de intentar ser feliz, que deje de luchar por todo eso que vale la pena. Y mientras que haya una posibilidad, no dudes que iré a por ello.
Así que, sí, considéralo un DESAFÍO.



martes, 12 de julio de 2011

Pequeños y grandes detalles.

Pertenecemos a un mundo erróneo, con injusticias, con maldad. Pero la vida son excepciones y tú eres una de ellas. Pequeños detalles que nos hacen sonreír son los que realmente cuentan. A, gracias por apoyarme en todo estos últimos meses, sobre todo estas últimas semanas, gracias por estar conmigo cuando más te necesitaba, y gracias por permanecer a mi lado cada día y momento, sin ti, no me quedarían más sonrisas.


Te quiero muchísimo, A (L)

Felicidad.

Felicidad: estado de ánimo del que disfruta de lo que desea.

- Cuando cuente hasta tres corremos a buscar la felicidad.
+ Está bien.
- Uno, dos, tres...YA!!
+ ¿Por qué me abrazas?
- Porque tú eres mi felicidad. :)

Disfruta que la vida son tres días y vamos por el segundo, dibuja una sonrisa para el mundo, divisa la alegría de la gente y comprende, que si algo duele, nada es para siempre, así que vive y sé feliz, vive feliz y deja atrás tu furia, que si se acercan tiempos de tormenta, y vienen nubes negras, no te hundas, no, aprende a bailar bajo la lluvia (8)

sábado, 1 de enero de 2011

La Reina Tragona

Érase una vez que se era, una reina vanidosa y comilona vivía feliz en su palacio.
Vivía rodeada de lujos y placeres, y aunque no tenía familia, era muy feliz.
Tenía todo lo que quería, y lo obtenía a la primera. Pero, en su interior, una insatisfacción iba creciendo día a día.
La reina, famosa por lo comilona que era, tenía siempre en su mesa los manjares más gustosos del mundo entero. Había probado todos los platos existentes en su reino, había comido todas las comidas exóticas de los lugares más lejanos de su reino y había mandado inventar a sus cocineros platos nuevos y únicos.
La reina conocía todas las comidas. No había ni legumbres, ni frutas, ni pescados ni carnes que no hubiese probado.
Y aun así, la reina estaba triste e insatisfecha. Aburrida, comía platos que ya conocía una y otra vez. Mandaba a sus sirvientes comidas que hacía tiempo ella no probaba, pero aún así, la reina recordaba todos los sabores que había comido. Y ella quería probar otros nuevos.
Mandó a todos (absolutamente a todos) los sirvientes de su enorme castillo a prepararle una comida nueva. Estos no sabían qué hacer, pero la reina los obligó a estar en la cocina hasta que le hubiesen preparado algún nuevo sabor.
Como no sabían que hacer, los sirvientes llamaron a la gente del reino para traer toda la comida que se pudiese. Así puse, campesinos, nobles, duques y caballeros llevaron a palacio todos los comestibles de los que disponían.
Y entonces, los sirvientes fueron logrando crear nuevos platos.
Pero una vez los había probado, la reina no los quería volver a tener en su mesa. Hasta tal punto llegaba su obsesión.
Varias veces intentaron sus sirvientes engañarla, repitiendo los platos esperando que esta no se enterase. Pero la reina, cuyo paladar recordaba todos los sabores que había catado, rechazaba la comida repetida.
Y entonces, una sirvienta joven que llevaba poco tiempo al servicio de la reina, tuvo una idea. La sirvienta, bastante molesta por lo que hacía la reina y cómo les trataba, le echó a un simple estofado un poco de tierra.
Y cuando lo probó la reina, quedó maravillada.
– ¡Un nuevo sabor! ¿Cómo lo habéis conseguido?
Y la sirvienta, avergonzada por lo que había hecho, pero deseosa de gloria ante la reina, se lo confesó todo.
–Es simple tierra, mi señora, ruego disculpe mi osadía.
Pero la reina estaba muy contenta.
–No, querida, es un nuevo sabor que nunca antes probé. Es algo distinto, y quiero que mañana me prepares otro plato nuevo.
La sirvienta, así pues, fue nombrada cocinera oficial den la cocina. Los otros sirvientes se reían a espaldas de la reina de lo patética y estúpida que era. Pero la astuta sirvienta, no estaba nunca pensando en lo rara que era la reina. En su mente estaba siempre aquella misma imagen: la de los vanidosos, inhumanos y crueles ojos de la reina cuando probaba un nuevo sabor.
Así pues, la sirvienta todos los días satisfacía la extraña afición de la reina. Le servía todo tipo de cosas: desde flores y hojas hasta cualquier otra cosa que encontrase por ahí. Poco a poco, la sirvienta tenía que ir cogiendo hasta cosas que no eran del todo comestibles…
Y el reino fue quedando, con el tiempo, más mustio y desierto pues todas las cosas estaban destinadas a la reina. Su pueblo fue muriendo, y los jardines dejaron de florecer. Con el paso del tiempo, se fueron muriendo todos los animales de la zona.
Aquella era un autentico desastre.
Pero la reina era insaciable, terrorífica. Saboreaba todo con fervor, casi con adoración. Estaba loca, demente, y nadie sabía cómo saciar su apetito.
Pero ella era la reina, y para los aldeanos, el poder de la reina provenía directamente de Dios. Lo que ella hacía o decía, era para ellos, sin duda, lo correcto.
Aunque se hubiese vuelto completamente loca.
Así pues, todas las personas del reino murieron o por inanición o por tristeza. Con la llegada de la locura a la reina, la tristeza se había extendido como una enfermedad.
Nadie estaba ya a salvo, pero la reina y sus sirvientes seguían viviendo con aparente normalidad.
Poco tardó la reina en darse cuenta de que necesitaba más. Algo, algo nuevo necesitaba comer.
Entonces la malvada y lunática reina se fue comiendo a sus propios sirvientes. Pero ella, demente, seguía sintiendo que necesitaba más y más.
Acabó comiéndose a su propia cocinera.
Por lo que la reina se quedó sola en su propio palacio…
Probaba y comía cualquier cosa que encontrase, y hasta probó las velas de su mesa de banquetes.
Estaba fuera de control. ¡Más incluso que eso! El como estaba mentalmente era imposible de describir.

Un buen día, un joven y apuesto caballero que por allí pasaba con su caballo, quedó sorprendido de cómo la muerte se había instalado en aquel lugar. No comprendía como no había ni personas ni animales, ni ningún otro ser vivo. Todo estaba muerto, en ruinas, y las flores se habían marchitado volviéndose mustias e inertes.
Pero el caballero, aunque sentía temor en su pecho, quería arreglar aquel desastre.
Se dirigió a palacio con la intención de encontrar allí a mas gente que le explicas qué había ocurrido.
Pero allí solo estaba la reina.
Y estaba, realmente hambrienta.
–Oh, querido viajero, ¿qué hacéis vos aquí?– preguntó ella con su voz más dulce y melosa.
El caballero no sospechaba nada del oscuro corazón de la reina.
–Estaba por aquí de camino y me encontré con este sitio tan extraño… ¿Qué ha pasado exactamente?
La reina rió con su demacrada y escalofriante risa. Ya no quedaba en ella ni rastro de la hermosa, buena y perfecta reina que algún día había sido.
–Me han abandonado. ¡Todos me han abandonado! Yo, que siempre había sido una buena y comprensiva reina, que me dejé la piel en mi reino…
Aquellas mentiras no convencieron al caballero. Pero, aun así, hizo la pregunta obvia que ambos esperaban oír…
– ¿Cómo os proponéis arreglar esto, majestad?– le preguntó él.
La reina, egoísta, solo seguía pensando en comer.
–Podéis ayudarme a repoblarlo. Podéis traer a gente aquí, formar un nuevo reino y no aquella panda de desagradecidos que antes ensombrecía mi presencia…
El caballero no sabía qué pensar. Por una parte, la historia de la reina era devastadora y parecía haberle afectado mucho. Por otra parte, los ojos de aquella mujer, ávidos; le habían provocado un profundo terror.
El caballero prometió entonces a la reina traer a gente a vivir allí, y mientras él decía estas palabras, la reina se relamía varias veces.
La locura de la reina entonces no era sólo mental. Todo su cuerpo era presa de la locura, había creado con aquello una enfermedad. Hasta su corazón se había vuelto loco y oscuro, por lo que ya no tenía ni sentimientos ni nada parecido. Su única obsesión era comer y comer. Para ella no existía nada más.
Así pues, el caballero decidió dormir en palacio aquella noche y partir al día siguiente temprano en busca de gente para ocupar aquel reino fantasma.
Y aunque la reina ansiaba que su reno fuese repoblado para así poder saciar su apetito con aquella inocente gente, no podía resistirse a probar la carne del caballero.
Se acercó a él por la noche mientras dormía. Soñaba con probar el sabor de su piel, de su sangre. De sus entrañas…
Pero entonces el caballero, que siempre había sido muy cauteloso y astuto, sacó de debajo de la almohada un puñal y se lo clavó en el pecho a la reina cuando esta se acercó a su lecho por la noche. La sangre de esta resbaló y empapó las blancas sábanas. Pero esta era negra como la noche. Como el pecado, como la muerte. Como su propio corazón.
La reina murió, y nadie lloró nunca su muerte. En sus últimos instantes de vida recuperó la cordura y se arrepintió de todo lo que hubo hecho. Demasiado tarde. Esta vez fue la propia muerte, la que siempre había estado con ella guiando sus actos, la que le devoró.
Y el caballero se nombró entonces rey de aquel reino y volvió a repoblar el territorio, como había prometido.
Todos fueron felices a partir de entonces, nadie estaba triste ya. Reconstruyeron todo y volvieron a cultivar las cosechas.
Pero lo más extraño de todo, lo que nadie nunca pudo explicar, sucedió entonces.
Todas las primaveras, la comida cambiaba sus sabores para ofrecer una amplia gama de placeres gastronómicos que la reina nunca logró a gozar.

Érase una vez...

Érase una vez que se era, hace muchos años, un país donde todo el mundo era feliz y vivía en paz y armonía. Todo allí era perfecto, todas las personas disponían de comodidades y no se había sucedido nunca durante su larga historia ni una sola guerra con algún otro país.
            Pero, inesperadamente, un día llego una terrible tormenta que sumió durante varios días al pequeño país en una gran oscuridad. Los relámpagos destellaban en el negro y oscuro cielo, y los truenos eran fuertes y estremecedores. La tormenta duró varios días, llovía sin cesar… Las familias estaban en sus casas, resguardadas pero esperando incansablemente a que la lluvia diese una tregua y así poder salir al fin. Pero siguió lloviendo todos los días, así hasta que, tras seis interminables meses, dejo de llover…
            Cuando la gente salio de sus respectivas casas, tras meses sin poder ver la luz del sol, encontraron un panorama desconsolador, pero también terriblemente extraño e inquietante.
            Las flores se habían desteñido, habían perdido su color. El cielo no era ya azul. Ya no existían las razas ni los tonos de color en la piel. Todo había perdido su color, se había vuelto blanco y negro. Todo había perdido su sustancia, su identidad, su esencia. Ahora solo cosas vacías e inexpresivas ocupaban el mundo. La gente se miro las manos, se miro al espejo, y descubrieron que al morir el color del mundo moría el suyo propio y el de absolutamente todo.
            Todo era tan extraño e inexplicable que muchas personas quisieron huir a otro país y escapar de aquel terrible infierno que nada tenia que ver con la vida a la que ellos habían estado acostumbrados. Sin embargo, absolutamente toda la humanidad había perdido su esencia, y ni el mar, ni el cielo ni el bosque tenían sus respectivos colores.
            Un mundo en blanco y negro, insípido y extraño.
            Pasaron los años, y nadie encontró una solución a aquel inquietante misterio. La gente empezó a acostumbrarse a ello y las nuevas generaciones nacían sin añorar los colores, pues no los conocían. Aquel mundo de tonalidades tan simples parecía haber sido así desde siempre. Daba la impresión que nunca había sido de otro modo.

            Un día, muchísimos años después, se reunieron los reyes de dos países vecinos para tratar unos asuntos territoriales. Pretendían ambos aliarse contra una amenaza de guerra que se extendía como una grave enfermedad… Mas, sin embargo, la amenaza era tan fuerte y los países que pretendían conquistar sus territorios tan feroces, que ambos monarcas no sabían como solucionarlo. Se sentían acorralados, impotentes y angustiados. La población también estaba preocupada, y no sabía como actuar. La gente se armó con largos cuchillos y azadas, ya que la mayoría era de origen humilde.
            En aquellos tiempos de alboroto y preocupación, se sumó otro problema más, como suele ocurrir en estos casos. Un famoso bandido asaltaba los caminos y timaba a la población con sus productos robados. Se hizo famoso al instante, al difundirse su fama de malhechor y maleante. La gente estaba aterrorizada, ya que nadie conocía su verdadero rostro pues también era un maestro del disfraz. Hasta había conseguido internarse en los terrenos de un adinerado y rico noble, llevándose joyas y tesoros de gran valor.
            Este elocuente bandido, se llamaba Agnus. Había crecido sin diferenciar el bien del mal, sin disponer de una ética equilibrada y justa. Solo le importaba enriquecerse con sus estafas y robos, y si ganaba un poco de fama le gustaba aun más. Había crecido huérfano y sin ningún familiar a su alrededor, y había tenido que prosperar de algún modo en las ciudades y pueblos por los que vagabundeaba. Así pues, conocía el como engatusar a la gente con dulces y premiadoras palabras, como hacerles caer a sus pies y así poder venderles cualquier baratija sin valor. Conocía el poder de las palabras, pero también la agilidad de sus manos era envidiable. Sabia como robar diez bolsas de dinero en un solo día sin ser descubierto, y muchas veces se sentía orgulloso de sus estafas y robos, ya que Agnus de por si era un presumido.
            Así pues, Agnus avanzaba sin respiro por todo el reino, unas veces disfrazado de anciana y otras de gordo y rico mercader. Nadie podía reconocerle, principalmente porque nunca había mantenido amistad con nadie. Para el, su vida siempre había sido una jungla, una lucha de supervivencia en la que no se debía confiar en nadie. Nunca había tenido amigos, y pocas veces había hablado con alguien sin proponer conseguir algo.
            Una noche, sin embargo, unos fieles vigías de Su Majestad, el rey Petros, lo descubrieron en mitad de la noche mientras dormía. Estaba descansando en medio del bosque, y los centinelas le pudieron descubrir a partir del humo que aun salía de una débil hoguera que le había alumbrado bajo las estrellas…
            Cuando Agnus despertó, descubrió que había sido drogado y llevado hasta las mazmorras de palacio, donde se encerraban a los peores criminales del reino. El suelo estaba frío, helado e incomodo. Largos barrotes se extendían ante el como firme sentencia de muerte. Más, detrás de ellos y para sorpresa de Agnus, se encontraba una imponente figura de rostro impasible y rasgos nobles. La ropa que vestía aquel hombre, a ojos de Agnus, parecía tejida por mismísimos Ángeles.
            Era el rey Petros, el soberano del reino.
            Instó a levantarse a Agnus, pero este lo único que creía conveniente hacer era a arrodillarse y pedir clemencia. Al fin y al cabo, era un rufián que nada tenia en común con alguien de tan alto linaje, y estaba convencido de que lo iban a llevar a la horca.
            Pero, para sorpresa de Agnus, el rey no iba a sentenciarlo. Le pedía un favor. Y así el rey comenzó a hablar:
            -He oído hablar de tu mala fama, maleante, y desapruebo tus fechorías. Sin embargo, las circunstancias me obligan a pedirte ayuda, ya que mi reino y sus gentes se hallan en peligro. Una gran guerra esta a punto de estallar, y nuestros aliados y nosotros mismos no disponemos de una eficiente solución. Pero existe un objeto de valor incalculable que tiene el poder de restablecer la paz, aunque nadie sabe exactamente si es real o fruto de leyendas. Se llama la Copa de la Fortuna. Tu misión es ir a buscarlo a los Páramos, donde la fantasía y la realidad se funden, donde lo que no puede ser ocurre. Mas si te atreves a volver sin el, tus fechorías hablaran por ti en un juicio justo y serás decapitado. Pero si lo consigues traer… se te perdonara la vida y se considerara tu libertad.
            Agnus no cabía en si de asombro, pero solo podía estar agradecido. Aun siendo presuntuoso y orgulloso, el miedo por la muerte lo hacia vulnerable y lo tachaba de cobarde.
            -Decidme pues que he de hacer y adonde ir, os lo imploro.
            -En medio del Páramo, hay un desierto de hielo y escarcha. Pues allí mismo, en algún lugar de sus heladas dunas, hay un oasis perdido al que nunca nadie ha ido jamás y en cuyas aguas se encuentra la Copa. No confió en ti ni en que logres sobrevivir, pero has de pagar de este modo todo el mal que has hecho. Si no encuentras el oasis, piensa antes de volver y decide si prefieres morir allí o morir aquí decapitado, ya que sin la Copa, de un modo u otro morirás. No tienes elección.
            -Ya veo que no la tengo.- dijo, resignado, Agnus.
            Al día siguiente, Agnus fue llevado hasta el Páramo por unos siervos del rey. El bandido no sabía como actuar, que hacer ni que buscar. No tenia ni idea de cómo salir de aquel terrible embrollo. Siempre había tenido todo bajo control, siempre había dominado la situación y había salido airoso de muchos líos. Sin embargo, aquello se le escapaba de las manos y lo sumergía en una profunda impotencia y sumisión. ¿Qué debía hacer exactamente? ¿Cómo podía salir de aquello con vida? Llevaba las preguntas y las preocupaciones a la espalda como firme recordatorio. Pero, algo si tenía claro por encima de todo lo demás:
            Iba a ser su fin, iba a morir. Ahí se acababan sus andanzas.
            El Páramo era tal y como se lo imaginaba: helado, silencioso… y completamente vacío. No había señal alguna de vida, no habían ni árboles, ni animales ni poblados. Aquello era el mismísimo infierno helado, solo que ni siquiera había demonios. Solo estaban los demonios de su mente, profundamente incrustados en sus pensamientos recordándole cada poco tiempo que se acercaba su fin…
            Anduvo por las insinuantes dunas de hielo y nieve, sin parar, en busca de algo que ni tan siquiera sabia si existía. En busca de una fugaz sombra, de una fugaz visión. ¿Era pues cierto que allí, como todos decían, lo imposible se hacía realidad? Agnus solo veía hielo y escarcha, y sentía como un inmenso frío se extendía por todo su cuerpo, aprisionándolo en un abrazo gélido. Sentía desfallecer las piernas, tenia hambre, sueño y sed. Deseaba con toda su alma encontrar cobijo y un fuego con el que poder calentarse, con el que poder olvidarse de aquella terrible pesadilla. ¿Pesadilla? Si, eso debía ser. Todo debía de ser una horrible pesadilla. Tal vez pronto despertaría en un blando lecho de sabanas suaves y blancas. Pero esperaba que no fuesen tan blancas como aquella inmaculada nieve que poco a poco consumía sus fuerzas. Tan lentamente… tan silenciosamente… todo se derrumbaba a su alrededor.
            Calló desfallecido y sin fuerzas sobre las mullidas y frías dunas de hielo, y estas le aceptaron en su seno con un beso gélido y mortífero. Aquel seria su lecho de muerte.
            Pero unas últimas fuerzas le hicieron levantar la cabeza antes de caer definitivamente a los pies de la muerte. Un suave sonido de campanillas se oía no muy lejos de el, instándolo a levantarse.
            Ante el se hallaba entonces el místico oasis de las leyendas, surgido de la nada y brindándole su frágil esplendor. Surgían frondosas palmeras, arbustos y césped. Un pequeño lago en el centro, de aguas claras y cristalinas. Se oía el titilar de unas campanillas de cristal colgando de las palmeras.
            Había llegado adonde la fantasía y la realidad se juntan, donde lo imposible se hace realidad. Aquel oasis desafiaba las leyes naturales creciendo orgulloso en medio de la nieve.
            Agnus no podía creérselo. ¿Era aquello la muerte? ¿Podía estar sucediendo realmente? Fuere como fuere, había logrado su cometido.
            Avanzó arrastrándose sobre el congelado desierto que le separaba del oasis. Era solo un pequeño trecho, pero se le antojó angosto e infinito. Las fuerzas se le escapaban por todas partes, y ya no sentía los pies…
            Pero cuando alcanzó las frondosas hierbas del oasis, las fuerzas se le renovaron y sintió como una nueva y fortalecedora vida empezaba a correr por sus venas. Consiguió levantarse y echar de nuevo a andar, y la euforia se expandió por todo su ser. ¡Estaba vivo! Lo había logrado.
            De repente, una estremecedora risa surgió de algún sitio del oasis. Agnus se giro en torno a sí, alarmado y dispuesto a luchar. Descubrió una misteriosa figura al lado del lago, de cuerpo oscuro y tenebroso, de mirada perversa y sonrisa maquiavélica. Era tan grande como un león, pero su contorno era semejante al de un híbrido entre monstruo, persona y animal. Dos lenguas bifidas asomaban de sus fauces, tras tres hileras de afilados dientes.
            -¿Cómo osáis internaros en mis terrenos?- siseó alargando las eses.
            Agnus estaba aterrorizado.
            -Yo…
            Cayó entonces en la cuenta de que debía emplear sus dotes de engaño, ya que si no decía lo que aquella cosa esperaba decir, le mataría.
            -Lo siento sobremanera, pero vengo a buscarle a usted.
            -¿A mi?- el extraño ser pareció interesado.- ¿Quién?
            -El mismísimo rey Petros. Quiere invitarle a una ceremonia que se efectuara dentro de unos días para festejar la victoria en la guerra.
            -¿Qué me cuentas, maldito humano? –Chilló la fea criatura.- La guerra no ha hecho más que comenzar. Hoy mismo batallones enemigos a tu rey se internan de incógnito en sus territorios.
            La criatura escupió al suelo, en gesto despectivo hacia Agnus.
            -Moriréis todos, malditos humanos. La guerra solo hará que os matéis entre vosotros. ¡Todos vosotros moriréis!
            -¿Cómo sabéis todo esto?
            -El fin de vuestro mundo esta cerca, humanos, muy cerca. Primero desaparecieron los colores y ahora os matareis entre vosotros. Os auguro un final trágico y horrendo… pero solo yo tengo la solución, si señor, solo yo. Solo yo tengo en mi poder algo que hará que todo este mal acabe.
            -Vaya por dios.- Agnus se sentó resignado sobre el césped.- ¿No será una copa?
            -¿Cómo sabes eso, mortal?- chillo la sibilante criatura.
            -Porque este es tu fin, no el del resto del mundo.
            Agnus sacó de su chaleco un puñal, y se lo clavó en el pecho al monstruo. Este había confiado en la aparente vulnerabilidad de Agnus, pero Agnus era de todo menos vulnerable. Al fin y al cabo, su vida se había basado en estrategias con las que poder sobrevivir. La copa la consiguió con facilidad, solo tuvo que sumergirse en las aguas del pequeño lago.
            Al día siguiente, los siervos del rey le esperaban a la entrada del Páramo. Nadie nunca pensó que Agnus podría haber salido vivo de aquel terrible y basto lugar helado y libre de vida.
            Pero la Copa de la Fortuna brillaba en su mano cuando llegó hasta ellos, tras haber cruzado el Páramo con aquellas fuerzas que le hubiera otorgado aquel místico oasis.
            Cuando el rey recibió la copa, sucedió algo inesperado y extraño para todos los humanos de aquel entonces. La Copa de la Fortuna trajo consigo los perdidos colores, y la vida volvió a rezumar entre las cosas. Ahora todo estaba en su sitio, todo estaba en orden. Los colores dejaron atrás la monótona vida blanca y negra que les había inundado durante una eternidad.
            Los respectivos países hicieron las paces, ya que encontraron la belleza en sus propios territorios y desecharon la idea de conquistar más tierras por el hecho de tener más dominios y acapararlos. Encontraron la felicidad en sus reinos, felices de haber conseguido aquel preciado tesoro que, dentro de ellos mismos, ansiaban y echaban secretamente de menos. Todo este tiempo había sido una muda aspiración y un oculto anhelo en el fondo de sus corazones.
            Agnus se hizo un autentico héroe y la gente olvidó sus fechorías. Vivió, en general, una honrada vida, y se volvió muy rico como mercader… Aunque más de una vez no hizo un trato del todo justo. Cuando volvían a reclamarle, el siempre decía lo mismo:
            -Vaya por dios, cuanto lo siento. Pero has de saber que la vida no es justa.
            Y así, volvía a salir airoso de cualquier situación.

El Juego

Viéndome obligado por diferentes causas y motivos, me temo que esta fría noche de enero os contare la historia que tanto tiempo llevo prometiéndoos. Lo que os voy a contar sucedió de verdad, y algunos no dudo en que me tomareis por loco y embustero. Ojala y fuese alguna de esas cosas, pues eso significaría que aquello no sucedió. Pero no se puede negar el pasado, y esta noche, contaré mi historia por primera y última vez. Lo que sucedió sigue persiguiéndome en mis peores pesadillas y en mis noches de ebriedad. No se si ahora, después de tantos años, este preparado para contarlo. Pero el problema es que tal vez no lo esté nunca, así que vosotros seréis los únicos testigos que podáis oír hablar de lo que os voy a relatar.
Me llamo Antonio.
Yo tenía los diez años por aquel entonces…


Menuda birria.
Eso fue lo primero que pensé nada mas llegar allí.
Aquel lugar era un pueblo de mala muerte. Nadie sabía que estaba allí, y si te descuidabas, casi pasabas de largo con el coche sin haberlo visto. ¿Estoy exagerando? ojala y fuese así, pero lo que digo es cierto. Aquel cuchitril no merecía ni llamarse pueblo. Era una aldea. Casi ni eso.
Estábamos de vacaciones de verano, y mis padres habían decidido que pasaríamos en un pueblo del interior un mes entero. Que ganas. Yo, que estaba acostumbrado a vivir al lado del mar. Yo, que amaba la brisa marina y a la espuma de las olas… Y van y me llevan a un pueblucho donde solo hay ancianos y la única brisa proviene de un viejo y desgastado ventilador.
Bonito plan para vacaciones.
Resignado, respiré el bochorno y el calor de la mañana que allí había. Mi humor estaba por los suelos, pero a cada paso que daba, me sentía peor aun. Aquel lugar era espantoso, sin lugares donde cobijarme a la sombra y con caminos de piedras en vez de carretera.
Acabábamos de llegar a la casa rural en la que pasaríamos el mes de agosto en su totalidad. Era una casa sencilla, de piedra, con tejados de pizarra. Una pequeña pero modesta salita con chimenea y dos habitaciones: la de matrimonio de mis padres y la mía. Una cocina de leña. Un solo cuarto de baño. Un amplio jardín trasero poblado de matorrales secos y malas hiervas, con un único árbol en el centro del cual se colgaba un viejo y gastado columpio. Nada más. No entendía como mis padres habían podido alquilar aquella cochambre, ellos, acostumbrados a ir siempre a los mejores hoteles.
Me senté en el sofá de la salita, aburrido, y abrí mi Nintendo, dispuesto a pasarme jugando todo el rato que pudiese. Ya había deshecho mi maleta, siempre tan ligera cuando nos íbamos de viaje. Oía a mis padres parlotear entre sí en algún punto de la casa no muy lejano. Cerré mi mente al exterior y me puse a jugar con aquella maquinita que, sospechaba, iba a ser mi único alivio en aquel espantoso viaje.
Por la tarde mis padres decidieron ir a comprar a algún sitio la comida para todo el mes. Pero yo dudaba de que hubiese un lugar decente donde comprar, como, por ejemplo, un supermercado o algo así. No me equivocaba. Tras preguntar a los vecinos (unos ancianos que seguro que eran con nosotros las únicas personas que allí vivían), nos dijeron que había una mujer que vendía los comestibles en su propia casa. Como iba diciendo, tuvimos que ir a casa de aquella señora que tenía un improvisado y escaso mercadillo en su salón para poder comer. Nunca había visto nada igual.
Bueno, al menos la leche estaba fresca y recién ordeñada. Algo es algo.
Aquella noche cenamos sopa. El pan de centeno estaba realmente rico, y luego antes de acostarme me tomé un vaso de leche caliente.
Tal vez iba a resultar que aquel lugar no era tan horrible como imaginaba al principio.
Cuando me tumbé para dormir, respiré hondo y olí las sábanas con olor a naftalina. La cama era realmente dura, pero yo estaba cansado y eso poco me importaba. Mis músculos se relajaron y escuché una suave brisa entrando por la ventana, soplando por entre los árboles…
Me levanté, sorprendido, a cerrar la ventana. Juraría que antes de acostarme la había cerrado.
Lo que entonces no sabía era que algo había entrado a mi habitación.
Me volví a tumbar en la cama, somnoliento. Había entrado frío por la ventana, aunque estábamos en pleno mes de agosto y por la mañana había hecho un calor sofocante. Me subí la sábana hasta la cabeza, medio tiritando. Ya no tenía sueño, y la tranquilidad que antes me había embargado se había ido dejando incomodidad y frío.
Y entonces fue cuando sentí un contacto frío en la espalda. Frío como el témpano.
Me levanté, sobresaltado, de un brinco.
El corazón me iba a cien por hora. ¿Qué había sido eso? Pero en mi cama no había nada. Nada de nada.
Me lo habría imaginado. No había nada ni nadie allí, estaba solo yo.
Por aquel entonces, no sabía cuanto me equivocaba.

A la mañana siguiente me levanté muy tarde, pues mis padres habían decidido que dormiríamos más de lo habitual para descansar. El viaje del día anterior había sido largo y agotador.
Yo, en cambio, me levanté cansado como si no hubiese dormido nada. Y eso  que había dormido plácidamente y de un tirón durante toda la noche. Unas enormes ojeras bajo los ojos. La tez más blanca de lo que era habitual en mí.
Cuando mi madre me vio, no daba crédito a sus ojos.
-¡Antonio! ¿No has dormido bien? ¿Qué te ha pasado?
Yo entonces no era conocedor de mi aspecto. Cuando me vi, me quedé muy sorprendido. Y en cierto modo… un poco asustado. Recordaba haber dormido bastante bien. No lo entendía.
No le dimos demasiada importancia a aquello. Tal vez lo único que necesitaba era dormir más. Nada importante.
Pero aun así, mis padres sospechaban que tal vez había cogido un resfriado o la gripe. Me dejaron tumbado en el sofá viendo la tele con la chimenea encendida, calentito, mientras ellos se fueron a dar una vuelta por la minúscula población. Al día siguiente teníamos planeado hacer una excursión por el campo, y yo necesitaba sentirme mejor para entonces. Sentía como si me hubiesen quitado la fuerza de los músculos. Como si mis pulmones hubiesen empequeñecido. Estaba agotado, y sin saber el porqué.
Cuando mis padres se hubieron ido, me pasé bastante tiempo viendo aquellos estúpidos concursos que echaban en la tele. Estaba tremendamente aburrido, y esta vez las nuevas tecnologías no hacían que me sintiese mejor.
Entonces oí una voz.
-¡Antonio!
Me llamaba mi padre desde fuera de la casa.
Me asomé por la ventana, pero no vi a nadie. Pero entonces aquella voz volvió a llamarme. Provenía del jardín.
Abrí la puerta trasera de la casa, preocupado. ¿Les había pasado algo a mis padres? Salí al exterior…
Fue entonces cuando mi pie chocó contra una piedra y caí de boca sobre la mustia hierba. Desconcertado, miré alrededor en busca de mis padres. No vi a nadie.
La vi… a ella.
De espaldas a mí, sobre el columpio, había una niña a la cual no había visto jamás. Tenía una larga melena rubia sobre la espalda, y sus piernas colgaban inertes a ras del suelo. Permanecía totalmente inmóvil. Me levanté torpemente.
-¡Oye!- grité- ¿Qué haces? ¡Esto es propiedad privada! ¡No deberías estar aquí!
Entonces ella torció lentamente la cabeza para mirarme. Pero no podía verme. En vez de ojos… unas oscuras cuencas donde alguna vez debieron estar estos demacraban su pequeño e infantil rostro.
Retrocedí, asustado. Aquella niña seguía dirigiendo su cara en mi dirección, aunque estaba claro que no podía verme. Entré a toda prisa en la casa y cerré la puerta del jardín. Las manos me temblaban y tenía un sudor frío en la nuca. Tal vez tendría que haber ido hacia la niña herida y ayudarla… pero su rostro y su imagen espectral me hicieron retroceder. Aquella chica me había mirado, en lo que me pareció, con una expresión triste. Tal vez si hubiese tenido ojos hubiese estado llorando.
Pensé entonces en llamar a la policía, pero cuando fui a por el teléfono, mis padres entraron a casa por la puerta principal.
Mi rostro me delató, pues yo estaba realmente asustado.
-¿Antonio?- me preguntó mi padre- ¿Qué te pasa?
Lo cierto es que no tardé demasiado en contárselo a ambos. Mis palabras surgieron de mi boca atropelladamente, sin darme apenas cuenta. No me detuve en los detalles. Y además, mis padres no tardaron en ir al jardín a buscar a aquella pobre chica.
Pero cuando salieron, allí no había nadie. El feo y viejo columpio del árbol pendía quieto e inerte, como si nunca nadie se hubiese sentado en el.
Ya os podéis imaginar que sucedió a continuación. Mi madre me puso unas cincuenta veces el termómetro, y aunque no tenía fiebre, los dos creían que había tenido alucinaciones. Su teoría era que aquel clima me venía mal o que había cogido alguna enfermedad.
-Papá- le dije a mi padre. Yo entonces no sabía si creer en lo que me decían mis padres o en mi mismo.-En serio que yo oí tu voz. Me estabas llamando.
-Tranquilo, Antonio.- me dijo entonces el.- Acuéstate y duerme, mañana estarás mejor.
-¿Y la excursión?- pregunté, esperanzado. Entonces prefería irme de excursión con mis padres que volver a quedarme en aquella casa.
- Mas bien no, hijo. No pasa nada, pues la aplazamos para otro día. Tú descansa a ver si luego estás mejor.
Y me llevaron a mi cuarto. Me arroparon con las sábanas, y me dejaron solo. No entendía que había pasado. Estaba realmente confuso.
Entonces me dormí, y he de decir que fue una de las mejores noches de mi corta vida pues dormí como un tronco.

A la mañana siguiente, unas enormes ojeras moradas me adornaban el rostro. La piel blanquecina, los ojos rojos. Me dolía todo el cuerpo y apenas podía tenerme en pie.
Mis padres ahora si que estaban realmente preocupados. Ya no les importaba las vacaciones que habíamos tomado ni en el dinero que habíamos gastado en el alquiler de la casa. Lo único que les importaba era yo y mi salud. Mientras yo me pasé toda la mañana en mi cama, agotado sin saber porqué, mis padres hacían las maletas. Nos íbamos al día siguiente muy temprano. He de mencionar que estaba realmente preocupado por lo que me pasaba y lo raro que era todo aquello.
Y allí estaba, entre sueño y sueño, tumbado en mi cama.
Pero todavía aquello no había acabado.
-Tic tac, tic tac. Ven a buscarnos y lo entenderás. Búscanos, que nosotros queremos jugar.
Me levanté, sobresaltado. ¡Una voz! ¿De dónde había salido? Miré a mi alrededor, pero estaba solo en la habitación. Me vino a la cabeza el rostro demacrado de la niña del día anterior… y me entraron escalofríos.
-Tic tac, tic tac. Jugaremos al escondite y te toca buscar. ¿Detrás de un árbol quizá? ¿Detrás del sofá? Te toca encontrar.
Mi corazón iba a mil por hora. No era una sola voz la que cantaba esa canción rara e inventada, había sido la voz de varios niños. Pero había sonado muy cercana… ¿estaba otra vez delirando? Me estaba debatiendo interiormente entre llamar a mis padres o acostarme de nuevo como si nada hubiese pasado cuando volvieron a cantar:
-Tic tac, tic tac. El tiempo se agota y no puedes más. Si no nos buscas tus fuerzas se irán y tu cuerpo vacío y sin vida quedará.
Entonces si que estaba más que asustado. Me temblaban las piernas y tenía un nudo en la garganta. Me habían entrado ganas de llorar. Sin duda alguna, o aquello era como las películas de terror o había perdido por completo la razón. Ambas cosas me eran terroríficas.
-¿Quiénes sois? ¿Qué queréis?-grité- ¡Me habéis hecho algo! ¿Es por eso que estoy sin fuerzas?
-Tic tac, tic tac. Ven a buscarnos y lo entenderás.
Fue entonces cuando mi mente dejó de reaccionar razonablemente y fueron las piernas las que dirigieron mis movimientos. Fui de un lado a otro de la casa, buscando sin saber ni que buscar ni que encontrar. Busqué en la chimenea, entre las cenizas. No sabía ni lo que hacía.
-Frío, frío.- dijeron las voces.
Miré en la cocina.
-Frío, frío.- repitieron de nuevo.
Entonces comprendí y me dirigí al jardín. Tal vez…
-Templado.
Ya no había duda alguna, estaba seguro de donde buscar. Cuando me acerqué al árbol, recordé a la niña del columpio y volví a sentir miedo.
- Caliente, caliente.
Y como por arte de magia, el columpio se balanceó como si alguien se estuviese columpiando. Las voces rieron, complacidas por el juego.
Yo ya estaba al lado del árbol, pero no sabía que mas hacer. Miré alrededor, deseoso de encontrar a los niños pertenecientes de aquellas voces.
-Tic tac, tic, tac. Polvo eres y en polvo te convertirás.
Abrí los ojos, asustado. Aquello me había sonado a una amenaza. ¿Qué había hecho mal? ¿Dónde estaban los niños?
Pero entonces comprendí que no había sido una amenaza.
Había sido una pista.
Miré la tierra que había bajo mis pies. En aquel punto no crecía la hierba.





La policía estaba dejando la casa. Tras varias horas de interrogatorio, la ley comprobó que nadie presente había sido testigo de aquel terrible crimen. Los forenses también se iban, llevándose consigo unos bultos los cuales echaron a sus camionetas.
Yo solamente había hablado cuando me dirigieron la palabra. Hablé lo justo y necesario, no dije demasiado.
No le dije a nadie como había descubierto los cadáveres de cuatro niños bajo la tierra, como había oído las voces. Eso era algo que nadie nunca creería, algo que hasta me daba vergüenza contar. Solo les dije a mis padres y a la policía que estaba jugando en el jardín cuando se me ocurrió jugar a buscar el tesoro y descubrí los mutilados cuerpos por casualidad. No era una historia muy convincente, pero fue lo primero que se me ocurrió y yo por aquel entonces solo tenía diez años. Por mi juventud, la policía me creyó y me dejaron de interrogar. Por primera vez el ser pequeño me había servido para algo. La policía nos quitó de la lista de sospechosos pues los forenses dictaminaron que los cuerpos examines de los niños llevaban demasiado tiempo muertos. Al menos, más tiempo que el que nosotros llevábamos allí.
A la mañana siguiente, volvimos a nuestra casa de la costa. No podíamos seguir viviendo en el escenario de un macabro crimen.
Por fin, me sentí mejor y respiré tranquilo y a gusto. Las fuerzas volvían a mi cuerpo como por arte de magia.
Aquella noche dormí bien y por la mañana me desperté aún mejor. Volvía a tener las fuerzas de la juventud y ya no estaba pálido. Volvía a ser el de siempre.
Sin embargo, un sonido familiar me despertó aquella mañana.
Tic tac, tic tac.
Por suerte, solo era el reloj de mi mesita, anunciándome que tenía que empezar un nuevo día.
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